Marca Blanca

Ya he comentado alguna vez la incomodidad que supone trabajar como Marca Blanca, es decir, trabajar para otros sin poder mencionar ni hacer aparecer en tu portfolio el trabajo realizado. La única ventaja es que es trabajo, por lo demás, bajo mi punto de vista todos son inconvenientes: no puedes tratar con el cliente final de forma relajada porque en el fondo no estás siendo sincero con él, no tienes control sobre el proyecto ni sobre los cobros, no puedes publicar en el portfolio el proyecto…

Es bastante habitual tanto en empresas de desarrollo como en agencias de publicidad y estudios de diseño la subcontratación para la realización de proyectos. En muchos casos estos estudios son transparentes con sus clientes, asumiendo que no pueden hacerlo todo, y presentan a sus colaboradores externos, lo cual hace los proyectos bastante fluidos, además de permitir la publicación en el portfolio del trabajo realizado.

Sin embargo, otros tienen un recelo por dar una “solución global” al cliente y hay que trabajar con ellos como marca blanca. No entiendo demasiado bien las razones, cualquier cliente con dos dedos de frente (que son la mayoría) que se presente en un estudio de dos miembros y le ofrezca una “solución global” que toque 20 palos va a atar cabos y sabrá que tendrán que externalizar parte (o en ocasiones todo) del proyecto.

He llegado a ir a una reunión con un cliente como miembro de un estudio cuando el estudio sólo tenía 3 puestos y estaban ocupados. El pobre hombre acabó preguntando: – “…y tú dónde te sientas?” con la consiguiente respuesta / excusa: – “si… no… hace teletrabajo, es que somos muy modernos…”.

Un problema añadido es el número de cuentas de correo, tarjetas (como si fueran cromos, oiga) que debes tener, no hay quién se aclare cuando vas a enviar un correo… Y cómo haya pasado algo de tiempo igual ya no sabes ni con que cuenta tienes que escribirle a un cliente, así que optas por utilizar la de gmail, que es neutra 😉

Un caso particular:

Ahora tengo un caso sangrante, sobre el que no daré nombres por no herir sensibilidades. Una empresa X me pide sus servicios para desarrollar un proyecto, la cual a su vez ha sido subcontratada por otra empresa mayor Y, la cual es quién tiene el cliente Z para el que se va realizar el desarrollo. Mi cliente X exige una formas de pago como las pactadas por él con su cliente Y, las cuales no me gustan pero como hay confianza con X se aceptan. Para acabar de liar el tema es necesario colaborar con una empresa (ya no tengo ni letras)

El proyecto (bastante complicado) se desarolla dentro de los tiempos que se nos piden, haciendo un gran esfuerzo para conseguirlo y dedicando muchas más horas de las que establecía el presupuesto por el bien del proyecto. Se entrega (octubre de 2012) y no hay respuesta de parte de Z / Y hasta enero de 2013, 3 meses después, y piden una serie de cambios y ajustes. A estas alturas se ha cobrado apenas el 30% del proyecto con un retraso bastante interesante en el pago, por cierto… Mientras tanto todos son problemas con la empresa con la que hay que colaborar…

Se redimensiona el proyecto (dado que algunas peticiones no entran en el presupuesto inicial) y se hacen las modificaciones (todas excepto las que dependen de la información del cliente Z y no tenemos. El proyecto vuelve a quedar en “stand by”… hasta esta semana que se ha publicado (junio 2013)… y de cobrar ni hablamos, cuando hace más de 8 meses que se entregó el proyecto.

En realidad es todo más complicado pero no me quiero extender Me quedo con las conclusiones: sin control sobre el proyecto, sin posibilidad de hablar con el cliente, sin cobrar y sin visos de hacerlo…

Realmente así, es rentable trabajar como marca blanca? Cómo podría hacerse rentable? Estoy dándole vueltas desde hace tiempo y me decanto por meter unos pluses en este tipo de proyectos en compensación por los riesgos y los inconvenientes. Tiene sus riesgos, porque igual dejo de tener un precio competitivo. Lo que seguro no vale la pena es dejarte la vida en un proyecto para que luego ni lo cobres, ni puedas presumir de él y quedes profundamente cabreado y desilusionado.

 

Autor: Juan Castells

28/06/2013

 

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